Su notable sensibilidad es aún más meritoria al conocer al personaje y sus circunstancias. Un ser atormentado, sumergido en una vida tortuosa como siempre ha solido ser el género jazzístico, inmerso en clubes de mala muerte y peor suerte, plagados de alcohol, excesos y drogas.
Art, un californiano que sabía hacer hablar a su saxo lo que su controvertida personalidad le impedía, acostumbraba introducir en todos sus álbumes alguna balada, en muchas ocasiones en tono de bossa, compartiendo su corazón. El corazón de un músico del que no se percibía lo que en realidad su vida era: un auténtico calvario; una angustiada vida marcada por la heroína, las cárceles y los hospitales.
Un músico genial que se convirtió en un referente del West Coast Jazz y del movimiento "Cool", que portaba tatuado en su brazo el dibujo de un vampiro por el que se inyectaba la heroína y que pasó más tiempo entre rejas que sobre un escenario... un alma tristemente atribulada pero con una sensibilidad única como para haber sido capaz de componer, recluido en la cárcel de San Quintín -la que dicen ser uno de los infiernos más duros que han existido, en términos penitenciarios-, la mayor parte de este disco (The Trip -El "viaje", y no precisamente en góndola).
Definitivamente hay que tener una especial sensibilidad para interpretar una pieza con semejante dulzura y sutileza, máxime afectado por cierta falta de cordura y muchas dependencias.
Ahí va, "Summer Knows"... Aconsejable saborear con un gin tonic preparado, buena compañía y, si es posible, con la mirada perdida en el mar.
Art Pepper. "Summer Knows" (The Trip, 1976).
Por suerte hay dependencias tan intensas como la heroína, pero no tan perniciosas... Por ejemplo, la música.
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"El mal uso de las drogas no es una enfermedad. Es una decisión, como pararte enfrente de un coche en movimiento. Podrás llamarlo un error de juicio."
Philip Kindred Dick (1928-1982), escritor y novelista estadounidense de ciencia ficción.

