Sí, dicho así puede parecer un acto vulgar, común y cotidiano pero sin embargo se trata de un absoluto gesto heroico, toda una proeza considerando la reciente vuelta de vacaciones donde aquellos buenos propósitos hicieron agua, nunca mejor dicho. Las rutinas de entrenamiento y puesta en forma pretendidos, el "voy a aprovechar para hacer ejercicio", ha convertido sin embargo a la persecución de cangrejos en playa de roca en la actividad más intensa que cuerpo humano pueda practicar, presentando acrobacias y vigor inigualables. No hubo mucho más.
A lo hecho, pecho (o barriga, según se mire), así que la reentré ahora no puede ni debe venir exclusivamente cargada de nuevas y nobles intenciones sino de actos, así que este mediodía he estrenado el mes con una flamante clase de spinning.
Y ahí estaba yo, silencioso, disciplinado, con el tiempo justo para empezar la clase, expectante de mis propias posibilidades, animado y orgulloso por partida doble al haber vencido la tentación de comerme un Chivito enfrente de la oficina y de encontrarme dentro de la clase con mi vestuario deportivo, gama estándar, subido a la bici y dispuesto a dejarme la piel.
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| Lance Armstrong by Annie Leibovitz |
La clase se ha iniciado discreta, ofreciendo confianza, para poco a poco cobrar magnitud, precisando de más y más energía, con la música sonando cada vez más alta, la luz cada vez más tenue y el ritmo machacón retumbando mis fallidas neuronas que intentaban concentrarse en las confusas instrucciones del autómata deportivo: "¡Venga, sólo quedan 6 montañas!", y yo con con la lengua fuera en la segunda; "Notar la brisa del aire en la cara en el descenso...", ¿pero qué descenso?, a mí que era incapaz de sentir el aire acondicionado de la sala; "¡Más carga!, ¡más,... más!", "¡Arriba, bajo del sillín!" (¿?, imprecisión total), y todo eso creciéndose cada vez más, voz en grito, con tan solo un leve brillo en la piel, y lo que es peor... sonriendo.
"Si no os ponéis carga, no estáis trabajando, ¡mínimo 80%!", gritaba -cuando el 80% de nada es nada-, dato del que no me daba por aludido observadas algunas caras que compartían dolor, salvo algún otro androide confundido entre el resto. Y sonreía, y gritaba en los cambios del "chunda, chunda" exigiendo mayor sobreesfuerzo, supongo que para captar nuestra energía y anular nuestra voluntad, a lo que yo verificaba con el pulsómetro que al indicar muchas cifras, al menos confirmaba que seguía vivo, aunque un baño en sudor, ya no oír ni sentir las piernas, sólo ver luces de colores y otros síntomas extraños, podían indicar que ya no lo estaba.
Al final de la clase nos ha aplaudido, gesto que han podido seguir los de su especie, aparentemente sudado y animando a próximas clases, y como no, ...sonriendo.
Yo me he vuelto satisfecho hacia las duchas, más complacido si cabe tras comprobar que en ese inmenso charco que se distinguía bajo mi bici no estaba todo mi yo, y que no me estaba viendo a mí mismo desde arriba. Seguía vivo, aunque sin sonreír.
Ya apoyado con la frente en la ducha y con el pulsómetro aproximándome a la centena, he logrado volver en mí y, recuperada parte de la razón, he decidido que voy a hablar con la dirección del gimnasio muy seriamente:
Esto es engañar al personal, ¡Menos propaganda, yo no soy una puta máquina!
Propaganda. "P-Machinery" (A Secret Wish, 1985)
(...)
Motor...
Poder... fuerza... movimiento... conducir
Propaganda.
Andamos en fila sobre tristes carriles
Un flujo tranquilo pero constante
Acompañados por comandos en voz alta
nuestra fuerza se agota.
(Estribillo):
Otra esperanza alimenta otro sueño
otra verdad instalada en la máquina
Un deseo secreto, el matrimonio de las mentiras
hoy se hace realidad lo que el sentido común niega.
Las ruedas giratorias del destino encienden las luces de la ciudad
las máquinas hacen venir a los lejanos seguidores que están fueren en la noche
la llamada de las máquinas se ahoga en el vapor
(Estribillo)
La llamada de las máquinas se ahoga en el vapor
Andamos en fila sobre tristes carriles
un flujo tranquilo pero constante
Nuestra fuerza se agota.
Otra esperanza,
otro sueño,
otra verdad
instalada en la máquina,
instalada en la máquina.
................
"Las tres leyes de la robótica son:
1. Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley."
Isaac Asimov (1920-1992). Escritor de ciencia ficción.
................Visto lo visto, y sudado lo sudado, estoy en disposición de afirmar que el corolario citado anteriormente es completamente falso.
Fin de la transmisión | (...tut)

